La magia y exotismo de la ciudadela inca de Machu Picchu, que hace cien años se diera a conocer al mundo, es un cúmulo de inspiración y sentimientos traducidos en diversos géneros literarios e idiomas.

Y por fin, llegó el día de nuestro esperado encuentro con Machu Picchu. Desde Aguas Calientes y sobre las seis de la mañana tomamos el bus que por un camino estrecho y zigzagueante nos llevó hasta la entrada de una de las “7 Nuevas maravillas del mundo”: el increíble Machu Picchu, que a su vez ya fue designado en 1983 por la UNESCO, como Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad.

Nos encontramos en un emplazamiento majestuoso, en lo alto de un risco (2.430 msnm), entre las dos montañas Machu Picchu y Huayna Picchu, circundados por cadenas montañosas que presentan una barrera infranqueable y mirando hacia el abismo contemplamos el meandro del río sagrado Urubamba, 400 m por debajo de nuestros pies. Un escenario natural que a primera hora de la mañana y con niebla nos deja sin aliento por su belleza y que su estampa presidirá toda nuestra visita a este santuario por excelencia de la civilización inca.

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